viernes, septiembre 18, 2026
InicioEntrevistasENTREVISTAS FADMES: Cristina Salazar Ramírez: “El objetivo es el mismo tanto en un deportista como en una persona que busca salud: mejorar su capacidad...

ENTREVISTAS FADMES: Cristina Salazar Ramírez: “El objetivo es el mismo tanto en un deportista como en una persona que busca salud: mejorar su capacidad de adaptación, su función y su calidad de vida a largo plazo”

-

Miércoles, 16 de septiembre de 2026

Médica especializada en Medicina del Deporte, rendimiento, longevidad e hipoxia-hiperoxia intermitente, Cristina Salazar Ramírez (Grupo de Montaña Alpino Benalmádena) es una de los grandes valores de nuestras deportistas. Y no sólo en el aspecto deportivo y resultados, si no por su aportación a través de su profesión. “El deporte de montaña representa mucho más que competir. Es una forma de recuperar equilibrio y de reconectar con una parte de la salud que muchas veces olvidamos mientras intentamos llegar cada vez más lejos profesionalmente”, asegura. A sus principales y diferentes resultados y logros deportivos, su enorme aportación a la selección andaluza de CxM y su liderazgo, se suma sin duda la labor con los deportistas o cualquier persona que realiza. Salazar subraya la importancia de “encontrar un equilibrio en el que el deporte sume a tu vida, no que termine convirtiéndose en otra fuente de estrés”. Para ella el objetivo es el mismo tanto en un deportista como en una persona que busca salud:mejorar su capacidad de adaptación, su función y su calidad de vida a largo plazo”. “No se trata solamente de añadir años a la vida, sino de conseguir que durante el mayor número posible de esos años podamos seguir moviéndonos, disfrutando y haciendo las cosas que nos hacen felices”, asegura.

¿Cómo descubre Cristina Salazar la montaña, la naturaleza, sus deportes y actividades?

La montaña para mí fue primero una forma de desconectar y después terminó convirtiéndose en una parte fundamental de mi vida. Me atrapó esa mezcla de deporte, naturaleza, dificultad y libertad. En la montaña nunca hay dos días iguales: cambia el terreno, el clima, tu cuerpo y también tu cabeza. Y eso me encanta. Al final he descubierto que muchas de las cosas que aprendemos entrenando y compitiendo en montaña son perfectamente trasladables a la vida: adaptación, constancia, tolerancia a la incomodidad y aprender a seguir avanzando cuando las cosas no salen como esperábamos.

¿Siempre vinculada a las carreras por montaña o has practicado o competido en otras modalidades?

No. De pequeña hice atletismo, pero durante mi etapa universitaria fui dejando el deporte de lado. En aquel momento tenía la sensación de que para llegar lo más alto posible a nivel profesional había que dedicar prácticamente toda la energía al estudio y al trabajo, y durante muchos años prioricé eso por encima de cuidarme. Con el tiempo entendí que esa forma de vivir, si se mantiene demasiado, acaba pasando factura. El estrés, las horas de trabajo, la falta de descanso y desconectar de tus propios hábitos terminan afectando a la salud.

Cuando volví al deporte lo hice también buscando precisamente lo contrario: volver a conectar conmigo y con mi salud. Y ahí la montaña tuvo un papel enorme. La montaña no es solo ejercicio; te obliga a salir del ritmo diario, respirar, estar presente y volver a escuchar a tu cuerpo. Por eso para mí el deporte de montaña representa mucho más que competir. Es una forma de recuperar equilibrio y de reconectar con una parte de la salud que muchas veces olvidamos mientras intentamos llegar cada vez más lejos profesionalmente.

Dentro de las Carreras por Montaña encontramos KV, Snowrunning, carreras en línea y Ultras. ¿En cuál te sientes más cómoda?

De pequeña competí en atletismo, concretamente en 400 metros, así que mi primera experiencia competitiva fue en una disciplina completamente distinta a la montaña. Cuando muchos años después volví a competir, lo hice ya en carreras por montaña, aunque también compito en asfalto, sobre todo en 10 km y media maratón. Me gusta combinar ambas porque cada modalidad te aporta cosas diferentes: el asfalto me da velocidad y economía de carrera, mientras que la montaña exige fuerza, resistencia, adaptación al terreno y mucha capacidad de gestión.

También creo que volver a competir en la edad adulta tiene que hacerse dentro de un contexto que favorezca la recuperación. Competir supone un estrés fisiológico importante y, si lo añadimos a muchas horas de trabajo, poco sueño, mala alimentación o falta de descanso, puede convertirse en más estrés que beneficio. Por eso para mí competir no es simplemente entrenar más. Es conseguir que entrenamiento, descanso, nutrición y vida personal estén suficientemente equilibrados para que el estímulo deportivo produzca adaptación y no desgaste.

Andalucía demuestra estar en el TOP nacional e internacional. ¿A qué crees que es debido?

Creo que tenemos varios factores. Tenemos un entorno privilegiado para entrenar prácticamente durante todo el año, muchísimo terreno de montaña y una cultura deportiva cada vez mayor. Pero, sobre todo, tenemos una generación de deportistas con muchísimo nivel y clubes, entrenadores y federación que están haciendo un trabajo importante. Además, en Andalucía se entrena mucho en condiciones bastante exigentes: calor, desnivel, terrenos técnicos… y todo eso termina creando deportistas muy resistentes.

Cuando compites, ¿sólo piensas en administrar el esfuerzo y rendeir o también disfrutas? Qué experimentas durante una carrera.

Las dos cosas. Cuando estoy compitiendo de verdad hay una parte de mí que está continuamente calculando: sensaciones, frecuencia cardiaca, ritmo, desnivel, hidratación, nutrición, cuánto queda, qué está haciendo el resto… Pero también hay momentos en los que levantas la mirada y piensas: qué suerte tengo de estar aquí. Para mí competir es una experiencia muy intensa. Hay momentos de disfrute enorme y otros de muchísimo sufrimiento. Y precisamente eso es lo que me gusta. Una carrera te pone delante de ti misma sin demasiados filtros. Te enseña hasta dónde estás dispuesta a

¿Cómo compaginas tu trabajo como médica con entrenamientos, viajes y competiciones?

Creo que muchas veces decimos que no tenemos tiempo para entrenar, pero en realidad lo que tenemos es un día lleno de roles, responsabilidades y prioridades. Y ahí creo que es importante quitarse la culpa: no podemos hacerlo todo, todos los días, y dedicar tiempo a entrenar no significa que estemos fallando en otras facetas de nuestra vida. Cuidarnos también forma parte de nuestras responsabilidades.

En mi caso intento respetar mucho mi ritmo circadiano. Me gusta entrenar por la mañana, nada más despertarme, sin mirar el móvil, sin contestar mensajes y sin meter estímulos que me rompan la atención. Ese momento es para mí y para entrenar. Después, el resto del día ya está para trabajar.

Con los viajes y las competiciones soy muy selectiva. No puedo competir todos los fines de semana ni viajar constantemente, porque el lunes tengo que estar al cien por cien como médica. Tengo que estar descansada, concentrada y dar lo mejor de mí para ayudar a que los deportistas que vienen a consulta sigan construyendo rendimiento, pero sobre todo salud.

Para mí se trata de eso: encontrar un equilibrio en el que el deporte sume a tu vida, no que termine convirtiéndose en otra fuente de estrés.

Como médica dedicada a medicina del deporte, rendimiento, longevidad e hipoxia-hiperoxia, ¿cuál es tu enfoque?

Mi enfoque es siempre integral e individualizado. No me interesa valorar solo cuánto corre una persona o cuál es su VO₂máx, sino entender cómo funciona su organismo en conjunto: corazón, ventilación, metabolismo, músculo, composición corporal, nutrición, recuperación y estilo de vida.

Dentro de ese enfoque, la hipoxia-hiperoxia intermitente tiene un papel muy interesante como herramienta complementaria en salud y longevidad. Nos permite trabajar la capacidad de adaptación del organismo frente a cambios controlados en la disponibilidad de oxígeno, siempre con protocolos individualizados y monitorización. Puede integrarse especialmente en programas de mejora de la capacidad funcional, recuperación, salud metabólica y acondicionamiento en determinadas personas.

Además, somos un centro especializado en Málaga en hipoxia-hiperoxia, y la idea es no utilizarla de forma aislada, sino integrada dentro de una valoración médica completa, junto con ejercicio, nutrición, fisiología y seguimiento clínico.

Al final, el objetivo es el mismo tanto en un deportista como en una persona que busca salud: mejorar su capacidad de adaptación, su función y su calidad de vida a largo plazo.

Tus conocimientos y tu propia experiencia como deportista, ¿benefician a los deportistas con los que trabajas?

Muchísimo. La ciencia es fundamental, pero haber estado al otro lado también ayuda muchísimo. Yo sé lo que significa preparar una competición durante meses, levantarte cansada, tener miedo a una lesión, equivocarte con una estrategia nutricional o llegar al kilómetro 50 y que las piernas dejen de responder. Eso hace que entienda mejor al deportista. Pero intento separar siempre las dos cosas: mi experiencia personal me ayuda a hacer mejores preguntas, pero las decisiones clínicas y fisiológicas deben basarse en los datos de ese deportista, no en lo que funciona conmigo.

¿En qué se centra principalmente tu trabajo?

Principalmente en entender cómo funciona el organismo de cada persona, tanto en reposo como durante el ejercicio. La fisiología aplicada sigue siendo una parte fundamental de mi trabajo: cómo responde el corazón, cómo ventilamos, cuánto oxígeno somos capaces de utilizar, dónde aparecen los umbrales y qué está ocurriendo en el músculo a medida que aumenta la intensidad. Pero cada vez tengo más claro que el organismo no funciona por compartimentos. La salud actual necesita una visión mucho más sistémica: nutrición, endocrinología, composición corporal, metabolismo basal, fisiología durante el ejercicio, recuperación y hábitos.

Y esto no es solo para deportistas. Por ejemplo, una persona que va a someterse a una cirugía oncológica puede beneficiarse de llegar al quirófano en las mejores condiciones físicas posibles. O una persona con una enfermedad crónica puede mejorar su capacidad funcional mediante una combinación bien planteada de nutrición y prescripción de ejercicio, ajustando no solo qué ejercicio hace, sino también la dosis de ejercicio que necesita. Cuando mejoramos la condición física, la fuerza, la capacidad cardiorrespiratoria y el estado metabólico, muchas veces también estamos ayudando a que esa persona afronte mejor su enfermedad, su tratamiento y su recuperación.

Precisamente por eso estamos trabajando en un proyecto que, si todo va según lo previsto, abrirá en Málaga a principios del próximo año. La idea es crear un centro de alta calidad donde Medicina, Endocrinología, Nutrición y Fisiología trabajen de forma realmente coordinada, para tratar a la persona de una manera integral y no como una suma de pruebas aisladas. Al final, mi trabajo consiste en convertir todos esos datos en algo útil: qué necesita esa persona para estar más fuerte, más funcional, recuperarse mejor y construir salud a largo plazo.

¿Qué valoraciones o pruebas realizas en consulta?

Realizamos sobre todo ergoespirometría, para estudiar de forma integrada la respuesta cardiovascular, respiratoria y metabólica al ejercicio y detectar limitaciones, definir umbrales y prescribir ejercicio con seguridad. También hacemos estudio metabólico basal por calorimetría indirecta, útil en sobrepeso, fatiga, alteraciones metabólicas o para ajustar mejor la nutrición; test de fuerza de agarre, como marcador funcional relacionado con salud y longevidad; valoración de oxigenación muscular con Moxy, fuerza respiratoria con PIM/PEM, composición corporal y estudios integrales de longevidad.

El objetivo es utilizar estas pruebas en contextos clínicos concretos: deportistas, personas con enfermedad crónica, pacientes con fatiga o sobrepeso, personas que quieren mejorar su capacidad funcional o llegar en mejores condiciones a una cirugía o tratamiento.

¿Se pueden diseñar estrategias de entrenamiento, recuperación, suplementación y prevención individualizadas?

Completamente. De hecho, creo que ese es el futuro. Durante muchos años hemos utilizado recomendaciones bastante generales. Pero cuanto más medimos, más vemos que cada organismo responde de una manera diferente. Hay deportistas que necesitan mejorar su base aeróbica, otros necesitan tolerar mejor intensidades próximas al segundo umbral, otros tienen un problema de fuerza, de recuperación, de nutrición o simplemente están acumulando demasiada carga. La prueba sirve para detectar qué limita realmente al deportista. A partir de ahí podemos diseñar mejor el entrenamiento, la nutrición y la recuperación.

¿Los calentamientos deberían ser obligatorios para quien se tome en serio el deporte?

Sí, aunque el calentamiento tiene que tener sentido. No creo en hacer veinte ejercicios porque sí. El calentamiento debe preparar progresivamente al organismo para lo que viene después: aumentar temperatura, activar musculatura, movilizar las articulaciones que vamos a utilizar y elevar progresivamente la demanda cardiovascular. Y cuanto mayor sea la intensidad de la competición o entrenamiento, más importante es llegar preparado. No puedes pedirle al cuerpo que pase de estar sentado a correr prácticamente al máximo en dos minutos.

¿Y las revisiones médicas antes de afrontar nuevos desafíos?

Creo que debemos normalizarlas mucho más. Nos compramos unas zapatillas, un reloj, material deportivo, suplementos… y muchas veces nos olvidamos de revisar precisamente lo más importante: la persona que va dentro de todo ese equipamiento. No significa que todo deportista necesite las mismas pruebas. Hay que individualizar según antecedentes, síntomas, edad, factores de riesgo y nivel de exigencia. Pero cuando alguien quiere aumentar mucho la intensidad, preparar una competición exigente o tiene síntomas durante el ejercicio, creo que realizar una valoración médica adecuada tiene muchísimo sentido.

Eres docente en la Universidad Europea en el Máster de Medicina del Deporte. ¿Cuál es tu función?

Principalmente imparto formación relacionada con ergoespirometría y fisiología del ejercicio. Intento que los alumnos no se queden únicamente con localizar VT1 y VT2 en una gráfica, sino que entiendan cómo se comporta el corazón, cómo cambia la ventilación y cómo responde el metabolismo a medida que aumenta la intensidad. Por ejemplo, una persona puede tener una cardiopatía conocida, pero lo realmente importante es saber si esa cardiopatía está teniendo repercusión cuando hace ejercicio. Y eso es algo que podemos valorar con la ergoespirometría, observando la respuesta del ECG, la frecuencia cardiaca, la presión arterial, el pulso de oxígeno, el VO₂ y la eficiencia ventilatoria.

Al final, la prueba no consiste solo en buscar umbrales, sino en entender cómo responde todo el organismo cuando lo sometemos a esfuerzo y utilizar esa información para tomar mejores decisiones clínicas y de entrenamiento.

¿Conocer tu propio cuerpo es la base de una vida activa, saludable y más larga?

Sin duda. Y no me refiero a estar continuamente pendiente de cada dato. Me refiero a aprender a interpretar tus señales. Saber cuándo puedes exigirle más a tu cuerpo y cuándo necesita recuperar. Saber cómo responde al sueño, al estrés, al entrenamiento, a la alimentación. Tenemos muchísima tecnología disponible, pero la tecnología tiene que ayudarnos a conocernos mejor, no convertirnos en esclavos de los números.

Para mí la combinación ideal es datos + sensaciones + contexto.

¿Qué le dirías a los jóvenes para animarlos a iniciarse en los deportes de montaña y descubrir la naturaleza?

Que prueben. Que salgan a la montaña sin pensar necesariamente en competir ni en subirlo a una red social. Que caminen, corran, se pierdan un poco —con seguridad— y aprendan a mirar alrededor. La montaña enseña muchísimo. Te enseña a respetar el entorno, a ser autónomo, a valorar el esfuerzo y a descubrir que somos capaces de hacer bastante más de lo que pensamos. Y algo que para mí es fundamental: hay que cuidar aquello que nos permite disfrutar de nuestro deporte. Respetar senderos, animales, vegetación y dejar la montaña igual o mejor de como la encontramos.

Para terminar, ¿hay alguna cuestión que quieras resaltar?

Quizá una idea que intento transmitir tanto como médica como deportista: el cuerpo humano tiene una capacidad extraordinaria de adaptación. Pero para que exista adaptación necesitamos dos cosas: estímulo y recuperación. Entrenar más no siempre significa mejorar más. Comer menos no siempre significa perder mejor peso. Tener más datos no significa necesariamente entender mejor al deportista. El verdadero reto está en saber qué estímulo necesita cada persona y en qué momento.

Y creo que deporte, medicina y longevidad tienen precisamente ahí un punto común: no se trata solamente de añadir años a la vida, sino de conseguir que durante el mayor número posible de esos años podamos seguir moviéndonos, disfrutando y haciendo las cosas que nos hacen felices.

× ¿Cómo puedo ayudarte?