Miércoles, 3 de diciembre de 2025
Hablar de Bernabé Fernández es hablar de escalada, de uno de los más destacado en la historia de la escalada deportiva, a nivel nacional e internacional. Su trayectoria lo dice todo. A los 14 años, consigue ser el escalador más joven del mundo en hacer 8a+ y a los 15 años, 8b. Dos años después, encadena el primer 8c español con Harakiri, gana su primera prueba nacional y forma parte del equipo nacional quedando subcampeón de España, ese mismo año quedaría 8º en el campeonato del mundo de Frankfurt. En 1994 alcanza el primer 8c+ español, con Mojave, y en años siguientes logra el primer 9a español y cuarto 9a del mundo, con Orujo, y también, en la misma vía, el primer 9a+ español y segunda vía más dura del mundo. En 2003, encadena la primera propuesta en el mundo de 9b+, con Chilam Balam, ahora posiblemente el primer 9a+/b mundial. “Hoy lo miro hacia tras y me sorprendo. Era un niño que siempre estaba solo con sus proyectos, sin que nadie le enseñara y con una motivación incansable”, asegura Bernabé. “El respeto nunca debe perderse, y el miedo siempre está presente. Es algo que se puede trabajar y que va disminuyendo a medida que ganamos control sobre la situación en la que nos encontramos”, subraya, e incide en que “la escalada es una actividad muy divertida y social. La apertura de los rocódromos ha dado lugar a que la escalada llegue al gran público”.

El nombre de Bernabé Fernández va unido al deporte de la Escalada como una simbiosis difícil, diría que imposible, de desmontar. Por qué la escalada desde tan joven, una modalidad en ese momento con muy poca visibilidad.
Me inicié en la escalada en el año 1987 y en aquella época era una actividad muy asociada al alpinismo; al hablar de ello en caso de caída se pensaba directamente en riesgo de muerte y es cierto que estaba muy presente. La escalada deportiva estaba naciendo y las ascensiones por la pared se hacían en artificial o en escalada mixta. La ética y la moral estaban muy presentes y no estaba permitido poner una chapa en la pared en donde entrara un seguro flotante.
Me inicié a la escalada motivado por un programa de televisión, donde salían dos escaladores que llamaban los murcianos escalando en Yosemite en la pared del capitán. Tardaban tres meses en hacer cumbre abriendo una vía nueva y esto me llamó la atención. En ese momento dio la casualidad de que la sociedad excursionista de Málaga se trasladó al Limonar, que era la zona donde yo vivía. Allí me pasé yo con una foto en donde aparecía subiendo por a una pared, sin cuerda y con botas militares. Uno de los que estaban allí llamado Felipe Fernández al ver la foto me dijo que estaba loco, que así no podía escalar y se ofreció a llevarme.
Mi primera experiencia fue en el monte de San Antón en una vía de dos largos, los 10 primeros metros iba muy emocionado, pero a la que gané altura empecé a pasar mucho miedo, pero luego cuando llegué a la cumbre las sensaciones de aventura removieron algo dentro de mí que fue lo que hizo que me enganchara a esto de por vida.

Y con apenas 14 años fuiste además el escalador más joven en hace 8a+ y a los 15, 8b. Luego, dos años más tarde, el primer 8c español ‘Harakiri’. Un proceso de aprendizaje de habilidad quizás fuera de lo común, porque era una modalidad más asociada a deportistas con más edad, a mayores.
Es cierto: en aquel entonces la escalada estaba asociada sobre todo a personas mayores, y que un niño de 13 años comenzara a escalar no era algo habitual. Pero aún más extraño fue que, pocos meses después, ese niño ya estuviera yendo solo a El Chorro y escalando con cualquiera que pudiera acompañarlo en sus proyectos.
Desde casi el inicio, mi objetivo fue ver cuáles eran mis límites en las rutas de alta dificultad. Al encontrar tantas paredes sin abrir, aquello no hizo más que motivarme todavía más. Al cabo de un año, había realizado todas las vías existentes en Málaga y, en ese momento, me vi obligado a convertirme en aperturista o equipador para poder seguir progresando. A partir de ahí, el proceso de crear nuevas vías de alta dificultad fue más lento, pero también mucho más emocionante.
Como bien dices, con 14 años hice mi primer 8a+ y, con 15, mi primer 8b. Esos hitos me llevaron a aparecer en los medios y me convertí en el niño más joven del mundo en realizar esas dificultades. Pero nunca fue algo que yo buscara ni que me interesara especialmente; simplemente me dedicaba a buscar rutas cada vez más difíciles, y surgió así. Posteriormente con el paso de los años las siguientes rutas que iba haciendo se fueron convirtiendo en las más difíciles de España o del mundo.
Hoy lo miro hacia tras y me sorprendo. Era un niño que siempre estaba solo con sus proyectos, sin que nadie le enseñara y con una motivación incansable.

Miedo o respeto el estar casi permanentemente en vertical, o se puede controlar.
El respeto nunca debe perderse. Debemos recordar que, aunque en la escalada deportiva el peligro sea menor, seguimos realizando una actividad de riesgo y no podemos descuidarnos. La mayoría de los accidentes ocurren por despistes. El miedo siempre está presente; es parte de sentirnos vivos. Cada persona lo controla de manera distinta, según el riesgo que asume en la modalidad de escalada que practica. Aun así, es algo que se puede trabajar y que va disminuyendo a medida que ganamos control sobre la situación en la que nos encontramos.

Fuiste el primero en encadenar una propuesta mundial de un 9b+, en la vía Chilam Balam en 2003. Cómo fue esa experiencia.
Fue un proceso largo que requirió paciencia, entrenamientos específicos en invierno y muchas horas de escalada en la vía durante el verano. El trabajo mental también fue fundamental, aunque en realidad no era algo nuevo para mí, porque llevaba toda la vida dedicada a esto. Equipé la vía en 1999, pero no fue hasta 2003 que logré completarla.
En aquellos años, las lluvias de invierno eran más intensas y la pared quedaba completamente empapada; el agua caía por las estalactitas como si fueran grifos abiertos, así que solo podía probar la vía de mayo a octubre. Durante el resto del año, entrenaba incansablemente para estar preparado. Los días que podía escalar eran apenas dos por semana, ya que el trabajo no me permitía más, y las vacaciones las aprovechaba exclusivamente para ir también a la vía en las fechas adecuadas.
Cuando finalmente conseguí realizarla me alegré mucho, pero no solo porque fuera uno de mis mayores logros sino por ver recompensado todo el trabajo que llevaba realizado después de tantos años, más allá de las polémicas.

Toda una vida ligada a la escalada, enseñando, proponiendo y escalando. Toda una vida como digo, y la que queda por delante, ¿no?
Ojalá pueda seguir escalando toda mi vida, aunque con los años el cuerpo acompañe cada vez menos. Escalar es salud, no solo para el cuerpo, sino también para la mente. Y si, además, lo hacemos en la montaña, entonces la experiencia es perfecta.

Bernabé Fernández ha sido y es uno de los escaladores con más prestigio nacional e internacional. Al comenzar tan joven tuviste alguna referencia en especial.
Fueron muchos los escaladores que me inspiraron y motivaron. Entre los extranjeros, destacaría a Patrick Edlinger, Wolfgang Güllich, Stefan Glowacz, Yuji Hirayama y François Legrand, así como a mujeres referentes como Lynn Hill y Catherine Destivelle.
En España, en una primera etapa me influyeron Juan Manuel García y Josep Ballet, y más adelante escaladores como Patxi Arocena, Carlos García, Carles Brasco o Txema Gómez.

Y ahora eres precisamente tú la referencia de jóvenes escaladores y escaladoras, como así manifestó e hizo hincapié India Persson Fernández hace unas semanas en esta sección de ENTREVISTAS A NUESTROS DEPORTISTAS de la FADMES.
Me alegra muchísimo que personas como India, a quien enseñe desde los seis años, hayan hecho de la escalada algo suyo y lo disfruten tanto como yo. Una de las cosas más bonitas de este deporte es que existen muchas formas de practicarlo, y cada uno puede elegir la que más le gusta. Y si esa elección te acompaña para el resto de tu vida, entonces es fantástico.
Eso quiere decir que la escuela, el rocódromo y el club que ideaste, el Beclimb, está dando grandes frutos. Cómo surge la idea en la cabeza de Bernabé Fernández. Lógicamente el ser uno de los precursores de la Escalada Deportiva influiría de manera decisiva.
La idea surgió cuando retomé el contacto con un antiguo compañero de escalada, Antonio Gámez. Ambos vimos que la escalada estaba creciendo cada vez más y que nosotros con la experiencia de tantos años podíamos aportar mucho y hacer algo con todo esto. En un principio pensábamos en ofrecer actividades en el exterior, sin embargo, pronto nos dimos cuenta de que lo ideal era crear un rocódromo que reuniera en un mismo lugar todas las necesidades del escalador: un espacio para escalar y entrenar, federarse, tomar algo en el bar, comprar material en la tienda, etc., sin tener que desplazarse continuamente a distintos sitios.

La escalada de competición en sí surge hace ‘apenas’ 40 años, pero tiene sus diferentes variantes. Nos las podrías explicar brevemente.
La primera competición internacional que se celebró en Europa tuvo lugar en 1985 en Bardonecchia. Las primeras pruebas de la Copa del Mundo de cuerda no empezaron hasta 1989. En ocasiones también se organizaban pruebas de velocidad, aunque en aquel entonces los escaladores no las tomábamos muy en serio; eran más un divertimento. Por ejemplo, en 1992 participé en una prueba de velocidad y quedé 10º. Las pruebas oficiales de boulder se realizaron un poco más tarde, en 1999. Todo esto ha ido evolucionando con el tiempo, pero la prueba “madre” siempre fue la de cuerda.
Actualmente, existen tres disciplinas principales:
Cuerda: Las paredes tienen 15 metros, aunque el recorrido de las vías puede alcanzar incluso los 25 metros. Se escala con cuerda y es principalmente una prueba de resistencia; gana quien llegue más alto.
Boulder: Se escala sin cuerda, 4 paredes de no más de 4,5 metros, protegido por colchonetas de 30 cm en caso de caída. Es una prueba de explosividad, y gana quien consiga encadenar más boulders con menos caídas.
Velocidad: Consiste en dos paredes de 15,5 metros con las presas siempre en la misma posición. Salen dos personas a la vez, aseguradas con auto asegurador, y gana quien llegue primero arriba.

Y cómo se otorgan las acotaciones de dificultad de las vías. Qué proceso o protocolo se lleva a cabo.
Antes de explicar cómo se otorgan las cotaciones puede que sea interesante explicar de qué manera se asignan los números: A principios de los años 80, las cotaciones de dificultad aún no estaban bien definidas. En muchas zonas se seguía utilizando la graduación alpina o la escala UIAA: I, II, III, IV, y si la dificultad era mayor o menor en el número, se añadía “inferior” o “superior”. Esto generaba grandes diferencias entre vías de la misma calificación. La cotación es la que usamos hoy en día francesa, pero tardó en aceptarse, ya que mezclar números con letras resultaba extraño. Sin embargo, tras la competición de Bardonecchia en 1985, empezó a asentarse.
Al final en los grados bajos se mantuvieron en parte las graduaciones antiguas, de ahí los números romanos, excepto I y II: I equivaldría a andar por el suelo, II a subir una montaña, y III se consideraba el inicio de la escalada, ya que requería usar las manos para ascender. Así se utilizaban III, III+, IV, IV+, V, V+, y a partir de ahí se adoptó más estrictamente la escala francesa: 6a, 6a+, 6b, 6b+, 6c, 6c+, 7a, y así sucesivamente hasta 9c, que es el récord del mundo actual.
La forma de asignar la cotación a una vía siempre ha dependido del esfuerzo necesario para subirla. Influyen diversos factores: la longitud de la pared, la inclinación, la calidad de los agarres y la distancia entre ellos, etc. Todo esto se combina en un conjunto de esfuerzo que determina la cotación final. Cuando alguien consigue ascender una vía por primera vez, hace una propuesta estimativa basada en sus sensaciones y comparativas de las vías que ya tiene hechas; posteriormente en las siguientes ascensiones de otros escaladores, la cotacion se va consensuando y ajustando.
Hablemos de instalaciones. En qué momento se encuentra Andalucía en este sentido. A nivel nacional, en otras provincias y comunidades autónomas, los rocódromos ‘afloran’ cada dos por tres. El BeClimb se inauguró hace once años y era el más grande en Andalucía y segundo a nivel nacional. Allí se celebró el primer CADEBA de Escalada organizado por la federación andaluza. Desde entonces, …
Cuando abrió Beclimb, éramos el más grande de Andalucía con tan solo 600 metros cuadrados. En aquel momento, muchos escaladores nos tacharon de locos y decían que no vendría nadie, argumentando que en Málaga hay un clima excelente y muchas zonas de escalada al aire libre. Sin embargo, resultó que no es que estuviéramos equivocados, sino que nos habíamos quedado cortos.
Ya en el segundo año de apertura, empezamos a proponer la idea de un rocódromo de 3.000 metros cuadrados, pero se reían de nosotros. Hoy en día, Beclimb es un rocódromo pequeño, y Andalucía se ha quedado en la edad media respecto a los ya existen por toda España, algunos de hasta 4.000 metros cuadrados.
Y está claro que hay un auge en la escalada deportiva claro. El oro olímpico de Alberto Ginés ha sido el punto de lanzamiento espectacular, no crees. En todas las pruebas de la Copa y Campeonatos de Andalucía, tanto de Bloque como de Dificultad, son muchísimos los niños que participan.
La escalada es una actividad muy divertida y social. La apertura de los rocódromos ha dado lugar a que la escalada llegue al gran público y esto ha hecho que muchas personas se puedan iniciar de una manera muy sencilla, sin que tener que ir a la montaña. Hoy en día, aproximadamente el 80% de la clientela de un rocódromo no practica escalada en roca, y muchos de los competidores, incluso a nivel internacional, tampoco muestran interés por ella. La escalada en rocódromo se ha convertido en una modalidad muy específica, y quienes compiten deben entrenar de manera muy seria en esta disciplina concreta, ya que es el entorno en el que se miden con los demás.

Tu labor de divulgación es muy productiva, ya no sólo dando a conocer la escalada, como contribuir al turismo rural e interior, y equipar vías. Eres como un ‘milrutista’.
Nunca he dejado de abrir nuevas rutas de escalada; puede que tenga alrededor de mil equipadas y financiadas por mí. En un inicio, me enfoqué en la escalada de alta dificultad, equipando rutas que estaban entre las más difíciles de España y algunas del mundo. Muchas de estas rutas incluso situaban a pequeños pueblos en revistas especializadas, dándoles visibilidad internacional.
Por otro lado, también me motiva descubrir y crear nuevos rincones de escalada. Ver cómo muchos de estos lugares donde no había nada o muy poco se convierten con el tiempo en zonas muy visitadas y disfrutadas por otros escaladores. Siempre he dicho que si va la gente es que algo se habrá hecho bien y esto me llena de alegría. Es una manera de combatir el problema de la “España vaciada”: hay mucha afición a la escalada y muchos pueblos podrían beneficiarse de esta actividad para fomentar el turismo rural.
El problema es que, en muchos casos, esto suena extraño a los pueblos, y algunos propietarios o incluso organismos como medio ambiente lo ven como una amenaza. Sin embargo, creo que, con buena regulación y organización, estas zonas podrían generar riqueza para los municipios y todos podrían salir ganando. Pienso, por ejemplo, en cómo se gestionó el Caminito del Rey: cuando les intereso no tuvieron problemas para ponerse de acuerdo y ahora funciona económicamente. Lo mismo ocurre con las rutas de escalada: son instalaciones deportivas al aire libre, financiadas por los propios escaladores, que podrían aportar mucho a las comunidades locales.
Qué le dirías a la juventud, a los niños para que practiquen la escalada u otros deportes de montaña, la naturaleza, el medio ambiente, …
Es un deporte muy emocionante y divertido, que podrán llevar consigo siempre. Les proporcionará salud física y mental, y si además se practica en contacto con la naturaleza, ¡aún mejor!


