Miércoles, 24 de junio de 2026
El protagonista de este miércoles, Francisco Orihuela Rodríguez (Club Espeleo Alpino Arista Norte), muestra un poder de superación total y absoluto a través de las carreras por montaña de larga distancia. Un accidente de moto le hizo perder el brazo izquierdo y “todo cambió”, afirma. Dejó el fútbol, deporte que practicaba con sus amigos, y abrió las puertas del trail running. Conoció al que “sin duda” es su “referente y mejor amigo”: Arturo Dos Santos. Fue en el gimnasio y Dos Santos fue quien le aventuró a los maratones y carreras por montaña. “Correr en plena naturaleza te regala una sensación increíble de libertad. Coronar una montaña es algo que le recomendaría a todo el mundo que experimentara al menos una vez en la vida; verte ahí arriba, habiendo llegado solo con tus propios medios y tu propio esfuerzo, es una recompensa tan reconfortante que no tiene precio”. Le apasiona exprimir sus límites. “Si no fuera por mis propios pies, jamás habría tenido la oportunidad de llegar. Es esa combinación de superación personal y conexión con lo salvaje lo que me hace elegir esta modalidad una y otra vez”, dice, y asegura que “hablar de la larga distancia es hablar de pasión en su estado más puro y de un respeto absoluto por la montaña”. Francisco Orihuela habla de la Ultra Trail del Montblanc como “la joya de la corona”. “Es una carrera mítica, el templo del trail running donde se reúnen los mejores corredores del planeta. Para mí no fue solo ir a correr, fue un proyecto de vida”, asegura. “Para mí colgarme el dorsal es la mejor forma de renovar energías”, afirma. No se ve descansando un fin de semana después de toda la semana trabajando de sol a sol como agricultor y gestor de olivares. Y menos aún sin su fiel compañera, su perrita Nala. Francisco tiene claro que a la juventud le aconsejaría “alto y claro, que aparquen un poco las pantallas. Vivimos atrapados en un mundo digital que nos absorbe, y la verdadera vida, la salud y la energía están ahí fuera, en movimiento”.

¿Cómo fueron tus inicios? ¿Quién te metió el gusanillo por los deportes de montaña y qué deportes empezaste a practicar?
Mis inicios en el deporte fueron muy distintos a lo que soy ahora. De joven era futbolista de corazón. Quedaba con los amigos dos o tres veces por semana y jugábamos horas y horas. El fútbol siempre ha sido mi pasión. Además, era muy motero: me encantaban las motos de gran cilindrada y salía siempre que podía. Todo cambió el día que tuve un grave accidente de moto. Perdí el brazo izquierdo por una fractura muy complicada… básicamente me lo corté con el guardarraíl. Aquello me obligó a dejar el fútbol, porque ya no era seguro. Me lesionaba con facilidad y no quería arriesgarme más. Pero como siempre me había gustado correr para mantenerme en forma para el fútbol, seguí corriendo. Empecé a ir al gimnasio y allí conocí a quien hoy es uno de mis mejores amigos: Arturo Dos Santos. Él fue quien me abrió las puertas al mundo del trail running. Yo apenas sabía que existían las maratones, pero ni siquiera imaginaba que había carreras de montaña, medias maratones por senderos o ultras. Un día me dijo: “¿Te vienes a entrenar conmigo a la montaña?”. Lo acompañé… y me dejó con la lengua fuera todo el camino (risas). Poco después me propuso hacer mi primera carrera por montaña. Fue en Baños de la Encina, 12 km que nunca voy a olvidar. Me caí varias veces por culpa de unos calambres brutales, sufrí como un perro… pero cuando crucé la meta sentí algo que no había sentido nunca. Ahí me enganché. Quería más. A partir de ahí todo fue muy rápido: pasé a una media maratón de montaña, luego a una maratón, y en cuestión de pocos meses Arturo me dijo: ¿Te animas a subir a Cantabria y hacer una ultra?”. Sin pensármelo dos veces le dije que sí. Hicimos los 10.000 del Soplao en Cabezón de la Sal, una carrera emblemática. Y desde entonces ya no he parado.
Cuéntanos un poco qué es lo que te enganchó de las carreras por montaña (el entorno, la autosuficiencia, el tipo de esfuerzo, el contacto con la naturaleza, etc.) y por qué las prefieres frente al asfalto u otras disciplinas.
Aunque disfruto muchísimo corriendo tanto en asfalto como en montaña, la verdad es que la montaña tiene un ambiente y un ‘rollo’ completamente diferente. Correr en plena naturaleza te regala una sensación increíble de libertad. Coronar una montaña es algo que le recomendaría a todo el mundo que experimentara al menos una vez en la vida; verte ahí arriba, habiendo llegado solo con tus propios medios y tu propio esfuerzo, es una recompensa tan reconfortante que no tiene precio. Me apasiona exprimir mis límites en estos entornos y, siempre que puedo, me escapo a la sierra. Gracias a las carreras por montaña he podido descubrir valles, paisajes y lugares espectaculares a los que, si no fuera por mis propios pies, jamás habría tenido la oportunidad de llegar. Es esa combinación de superación personal y conexión con lo salvaje lo que me hace elegir esta modalidad una y otra vez.

No hay barreras que se resistan. Experiencias en la Montblanc, varias Ultras, … Te gustan los retos.
Para mí, hablar de la larga distancia es hablar de pasión en su estado más puro y de un respeto absoluto por la montaña. He tenido la suerte de enfrentarme a retos durísimos y de completar varias Ultras de 100 millas, como la de Bandoleros, el Valle de Arán o el Mini Himalaya, entre muchas otras. Pero sin duda, la joya de la corona y la más ‘Top’ ha sido el Ultra-Trail del Montblanc. Es una carrera mítica, el templo del trail running donde se reúnen los mejores corredores del planeta. Para mí no fue solo ir a correr, fue un proyecto de vida. Tuve que batallarme en muchísimas ultras previas de gran distancia solo para conseguir los puntos y la oportunidad de tomar la salida. Poder prepararla a conciencia, entrenarla, vivirla y, sobre todo, cruzar esa línea de meta fue una de las experiencias más intensas y duras de toda mi trayectoria deportiva. Enfrentarse a 170 kilómetros es un desafío mental y físico brutal, pero encarar sus 10.000 metros de desnivel positivo es, literalmente, como tocar el cielo con las manos; una auténtica brutalidad para el cuerpo. Cuando por fin entras en Chamonix y pasas el arco de meta, todo el sufrimiento se transforma. Vivir esa recompensa y saber que lo has logrado es una de las mejores sensaciones de mi vida. Es la confirmación de que, cuando te propones un reto con el corazón, no hay barreras que se resistan.
¿Cuáles son tus próximos retos u objetivos, tu calendario o programación?
He pasado entre 10 y 12 años entrenando con una dureza extrema, acumulando muchísimos kilómetros en las piernas. Mi media anual rondaba los 3.000 kilómetros con unos 80.000 o 100.000 metros de desnivel positivo. Semejante nivel de exigencia, lógicamente, terminó pasándome factura; las rodillas empezaron a quejarse y no salía de un dolor constante en el tendón rotuliano. Preparar y correr pruebas de 100 millas requiere una cantidad brutal de horas y sacrificio en la montaña, por lo que decidí que era el momento de escuchar a mi cuerpo y cambiar de estrategia. Actualmente, he bajado el volumen de entrenamientos de alta montaña y me he volcado de lleno en el circuito de competición a nivel provincial. Estoy completamente enganchado a este mundo: participo semanalmente en circuitos de carreras populares, carreras por montaña más explosivas (como medias maratones o maratones) y carreras de cross. Aunque es un terreno muy exigente porque hay rivales fortísimos que te obligan a exprimirte al máximo, la presión no es la misma que la de una ultra. Lo que más me apasiona de esta nueva etapa es el componente humano. Competir semana tras semana me ha permitido coincidir con compañeros que hoy ya considero amigos y familia. Esas charlas en plena carrera, el ambiente del post-carrera compartiendo vivencias y la alegría de las recogidas de trofeos tienen un valor incalculable. Haber dejado un poco apartadas las ultras me ha devuelto la chispa: me noto muy mejorado físicamente, sin esos dolores crónicos y con una energía tremenda para seguir disfrutando de este ‘rollo’ durante muchísimos años más. Mis objetivos actuales se centran en dar el 100% en este calendario provincial y exprimir cada fin de semana.

¿A qué te dedicas, cuál es tu trabajo? ¿Te permite compaginar tu tiempo con sesiones de calidad de entrenamientos?
Soy autónomo; me dedico a la agricultura gestionando tanto olivares propios como en arrendamiento, y además llevo la gestión de pisos de alquiler. Mi día a día en el campo es muy dinámico y gran parte de mi trabajo consiste en manejar maquinaria pesada; de hecho, disfruto muchísimo subido a mi tractor y realizando todas las labores de la tierra. Quienes conocen este sector saben que es un oficio duro y exigente que no entiende de horarios, por lo que mi tiempo libre es prácticamente nulo. Compaginar las jornadas en el campo con el deporte es un auténtico encaje de bolillos, pero para mí no es una obligación, sino una necesidad. Salir a correr me despeja la mente de las preocupaciones del trabajo y me da la motivación necesaria para cuidar otros pilares, como mantener una buena nutrición. Aunque dispongo de muy poco tiempo, siempre me esfuerzo por sacar un hueco diario, aunque eso signifique entrenar fuera de horas. Es muy habitual que termine mis entrenamientos a las once y media o doce de la noche. Es un sacrificio que implica cenar tarde, pero la recompensa es impagable: me permite irme a la cama completamente relajado y dormir como un bebé. Al final, cuando algo te apasiona de verdad, el hueco se encuentra donde sea.
Nos comentan que no paras de correr, de ir a una y otra competición.
¡Es verdad, no lo puedo negar! Estoy completamente metido en esa dinámica y, la verdad, es un ritmo que me da la vida. Después de una semana dura de trabajo de sol a sol en el campo, mucha gente preferiría quedarse descansando en el sofá el domingo, pero para mí colgarme el dorsal es la mejor forma de renovar energías. Como comentaba antes, competir casi cada fin de semana en los circuitos de populares, cross y montaña se ha convertido en mi motor. No es solo la adrenalina de la carrera y el nivel de exigencia de los rivales, que te hace dar el máximo, sino todo lo que rodea al día de la competición. Ese reencuentro con los compañeros, que ya son como una familia, compartir las estrategias antes de salir y disfrutar juntos del post-carrera es algo que engancha por completo. Mientras el cuerpo aguante y la motivación siga así de alta, me van a seguir viendo en las líneas de salida semana tras semana.

Para ello se necesitarás una preparación constante. Cómo te organizas.
La clave de todo es la disciplina y el compromiso con uno mismo; sin constancia, es imposible mantener este ritmo. Mi organización diaria no se basa en tener mucho tiempo, sino en aprovechar al máximo cada minuto que tengo. Al ser autónomo en el campo y pasar tantas horas subido al tractor, mi jornada física empieza muy temprano y es muy desgastante. Por eso, para mí la preparación es un pilar de 24 horas que va mucho más allá de ponerme las zapatillas. La organización empieza por la base: la alimentación. Sigo a rajatabla una planificación nutricional estructurada que me aporta la energía limpia que necesito tanto para aguantar las duras labores agrícolas como para rendir en el asfalto y la montaña. Saber exactamente qué comer antes de cada sesión es lo que me mantiene con chispa. Y en cuanto al entrenamiento puro, mi estrategia es el sacrificio horario: cuando todo el mundo ya está descansando en casa, yo salgo a cumplir con mis kilómetros. Terminar de entrenar al filo de la medianoche exige mucha fuerza de voluntad, pero cuando se convierte en tu estilo de vida, ya no cuesta. No busco excusas, busco soluciones, y esa constancia es la que me permite colgarme el dorsal cada fin de semana con plenas garantías y, sobre todo, disfrutando al máximo del camino.
No sé si habrás tenido algunos referentes deportivos o en la vida.
Sí, sin duda. Aunque ya he hablado de él antes, para mí mi gran referente deportivo y personal es Arturo Dos Santos. Él fue quien me abrió las puertas del trail running y, con el tiempo, se ha convertido en mucho más que un amigo. Arturo es una de las personas más trabajadoras, constantes y mentalmente fuertes que he conocido en mi vida. Su disciplina es impresionante, tanto en el deporte como en su faceta como trabajador y como padre de familia. No conozco a nadie que mantenga ese nivel de exigencia y constancia día tras día. Es una grandísima persona, de esas que siempre están ahí. Siempre dispuesto a aconsejarme, a empujarme cuando lo necesito y a celebrar los logros juntos. Ver cómo persigue sus retos, cómo mejora constantemente tanto en lo deportivo como en su vida laboral, me inspira muchísimo. Gracias a él soy la persona y el corredor que soy hoy. Le estaré eternamente agradecido por haberme metido en este mundo y, sobre todo, por ser el gran amigo y referente que es.

¿Practicas otras modalidades deportivas de montaña?
Más allá del trail running, me gusta complementar mi actividad con disciplinas que me ayuden a cuidar el físico. Practico ciclismo a un nivel muy básico, haciendo rutas tranquilas por vías verdes; lo utilizo principalmente como un excelente trabajo de cardio que me permite seguir sumando actividad, pero sin el impacto directo que sufren las rodillas al correr. También soy un apasionado del gimnasio, que me viene de maravilla para fortalecer y proteger las articulaciones tras tantos años de desgaste. También practico el Snowboard. Y como vía de escape absoluta, fuera de la montaña y el asfalto, me fascina el mundo del baile latino. Estoy en pleno proceso de aprendizaje, descubriendo pasos nuevos y disfrutando muchísimo de todo ese ambiente. Al final, se trata de mantener el cuerpo en movimiento, cuidar la salud y, sobre todo, pasarlo bien.
¿Qué le dirías o aconsejarías a la juventud sobre la montaña, la naturaleza, el medio ambiente, las propias carreras por montaña?
A la juventud de hoy en día le diría, alto y claro, que aparquen un poco las pantallas. Vivimos atrapados en un mundo digital que nos absorbe, y la verdadera vida, la salud y la energía están ahí fuera, en movimiento. Les aconsejaría que practiquen todo el deporte que puedan, sea el que sea. Para mí, cualquier modalidad deportiva es idónea. Lógicamente, el trail running es una disciplina increíble que te conecta con la naturaleza y te enseña un respeto absoluto por el medio ambiente, pero tiene el mismo valor que el chaval que juega al fútbol, la que practica karate o el que decide enfrentarse a disciplinas más complejas y variadas. La cuestión fundamental es mover el cuerpo, buscar una vía de escape saludable y aprender los valores del esfuerzo y la constancia. El deporte te enseña a superarte, a cuidar tu alimentación y a ganar una disciplina que luego te sirve para cualquier faceta de la vida. No importa si corres por la montaña, si vas al gimnasio, si montas en bici o si te da por bailar. Lo importante es que salgan ahí fuera, que descubran de lo que son capaces por sus propios medios y que no dejen que la vida les pase de largo a través de una pantalla.

¿Y algo más que quieras añadir o puntualizar para finalizar?
Para terminar, me gustaría expresar mi más sincero agradecimiento por este espacio, pero, sobre todo, no quiero despedirme sin dar las gracias de corazón a mi familia. Quienes conviven con un deportista que compite semanalmente saben perfectamente lo duro que es; ellos son los que sufren de verdad mis ausencias, los que aguantan los horarios intempestivos de mis entrenamientos y sacrifican su propio tiempo para que yo pueda cumplir mis objetivos. Tener a alguien en casa con este nivel de exigencia requiere una paciencia y una generosidad infinitas. Sin su apoyo incondicional y su comprensión absoluta, nada de esto sería posible; ellos son mi verdadero motor. Asimismo, quiero hacer extensivo este agradecimiento tan fuerte a mis patrocinadores por su confianza y respaldo ciego cada temporada, y a mis compañeros del circuito provincial, que ya son como una segunda familia en las carreras. A todos los que hacen posible que siga disfrutando de la tierra y de las montañas con la misma chispa de siempre: millones de gracias. ¡Un abrazo muy fuerte y nos vemos en las líneas de salida!



